El
sábado 22 de octubre de 1938 una
mujer -46 años- deambula en Buenos
Aires hacia la estación de trenes,
saca un billete, sólo de ida, para
Mar del Plata. Se instala en una
modesta residencial con el borroso
designio de suicidarse. Se dice -la
anécdota es oscura- que está
enferma, cansada y anhela la muerte
como una liberación. Quizás, en un
banco desmantelado ocupa largas horas
en repasar su vida. Tal vez emplea su
tiempo en redactar el poema "Voy
a dormir":
Voy a
dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Va al
correo y envía el poema a La
Nación. El lunes permanece la noche
en vela con su confusión moral. Es
probable que se escucharan gritos de
rebeldía y palabras de sumisión.
Habla consigo misma. Redacta una
carta a su único hijo, Alejandro, de
26 años. A la una de la noche sale y
va hacia el mar. Sus biógrafos
aseguran que saltó al agua desde una
escollera. El mito, sin embargo, más
poético y más lleno de espíritu,
que se internó lentamente en el mar.
Horas
más tarde, dos jóvenes obreros que
paseaban por la playa La Perla
encontraron su cuerpo. Era Alfonsina
Storni, una de las más importantes
poetas del siglo.
Alfonsina
Storni quedó inmortalizada en la
canción "Alfonsina y el
mar", de Luna y Ramírez:
Por la
blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio
llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas
llegó hasta la espuma.
Alfonsina
Storni era géminis del año 1892.
Dragón de fuego. Dijo alguna vez:
«me llamaron Alfonsina, que quiere
decir dispuesta a todo». Nació en
un cantón de la Suiza italiana. Su
familia se estableció en San Juan y
más tarde, en 1901, se mudan a
Rosario. Cuando Alfonsina tiene diez
años, el negocio familiar es el
"Café suizo", donde la
niña lava platos y sirve las mesas.
Su padre, depresivo y alcohólico,
fallece en 1906. Alfonsina, que no
para de escribir poemas, trabajó
como cocinera y obrera de un taller
de gorras. Se dedicó un poco al
teatro. Terminó por recibirse de
maestra.
A los
19 años ya escribe, recita, y
publica en revistas. Y entonces, el
amor. Dicen que de una velada
literaria en Santa Fe Alfonsina
obtuvo un romance y del romance
obtuvo, como ocurre con mujeres
jóvenes, un hijo, Alejandro, en
1912. Del parto nació otro verso
celebrado: Yo soy como la loba, ando
sola y me río... El hijo y después
yo, y después,...¡lo que sea!
El
padre de Alejandro -a pesar de los
años, su nombre sigue oculto-, era
casado, mayor y periodista.
Madre
soltera y feminista, se traslada a
Buenos Aires. En 1920 gana el Primer
Premio Municipal de Poesía y el
Segundo Premio Nacional de Literatura
por Languidez. En 1925 sale Ocre. En
1926 se editan Poemas de amor. En
1934, publica Mundo de siete pozos y
en 1938, Mascarilla y trébol, el
último libro.
Alfonsina
Storni, brava vocera de los derechos
civiles de la mujer e impulsora de la
Sociedad Argentina de Escritores, es
generosa en amistades. En 1915 le
pide al escritor Leopoldo Lugones que
lea unos versos suyos: "Esto que
me permito pedirle -escribe- tiene
una razón. Mi libro se va a publicar
en breve. Yo sé que se me tildará
de inmoral".
En
1919 Amado Nervo llega a la Argentina
como embajador de su país, y
frecuenta las mismas reuniones que
Alfonsina. Ella le dedica un ejemplar
de La inquietud del rosal. «poeta
divino», le escribe.
A
Juana de Ibarbourou, a quien conoció
en 1920 en Montevideo, le pareció
alegre, chispeante, a veces aguda y
sarcástica.
En
1922 se cruzó con el cuentista
Horacio Quiroga. Aquí hay que
detenerse un poco. Le gustó Quiroga.
Obvio. La mezcla de desfachatado y
bestia trágica de Quiroga era un
imán que atraía a las mujeres. Sus
biógrafos chismean también sobre la
fama de conquistador de doncellas.
¿Calumnias? Observen esta carta de
Quiroga: "Anda por Buenos Aires
una admirable criatura de dieciséis
años, a cuyo recuerdo soy fiel en
razón de una noche que cené en su
casa, ocupando la larga hora en
buscar con mi pie debajo de la mesa
lo que, ¡oh Dios!, me fue acordado
encontrar con ajeno beneplácito. Aun
llegué a bajar la mano, en pretexto
de corregir la servilleta, y la
coloqué, con la curva precisa, sobre
su rodilla, un momento, un solo
momento".
Se les
vio juntos. Las fotos los muestran
divertidos. Su amiga Norah Lange
chismea que fue testigo de un juego
erótico para chiquillos: Quiroga
sostiene en el aire un reloj de
cadena al que ambos tienen que besar
por sus caras opuestas. En el momento
preciso, Quiroga levantó el reloj.
Pillín.
Un
día la llamó por teléfono la
chilena Gabriela Mistral. Deseaba
conocerla. Al verla Gabriela quedó
sorprendida: «Extraordinaria la
cabeza, pero no por rasgos ingratos,
sino por un cabello enteramente
plateado, que hace el marco de un
rostro de veinticinco años».
Insiste la poetisa de Vicuña:
«Cabello más hermoso no he visto,
es extraño como lo fuera la luz de
la luna a mediodía. Era dorado, y
alguna dulzura rubia quedaba todavía
en los gajos blancos. El ojo azul, la
empinada nariz francesa, muy
graciosa, y la piel rosada, le dan
alguna cosa infantil que desmiente la
conversación sagaz y de mujer
madura».
En el
famoso café Tortoni conoció a
Federico García Lorca, cuando este
fue a Buenos Aires a dirigir su obra
Bodas de Sangre, entre 1933 y 1934.
Le dedicó un poema, «Retrato de
García Lorca»: «Irrumpe un griego
/por sus ojos distantes (
).
Salta su garganta /hacia afuera
/pidiendo /la navaja lunada /aguas
filosas (
). Dejad volar la
cabeza, /la cabeza sola /herida de
hondas marinas /negras
».
En el
verano del 1935, supo la temible
noticia: tenía cáncer de mama. Fue
operada, pero el cáncer continuó.
Pasó depresiones. Desde entonces
llama al mar en sus poemas y habla
del abrazo de la mar y de la casa de
cristal que la espera allá en el
fondo, en la avenida de las
madréporas. El suicidio contagia el
ambiente. En 1937 Horacio Quiroga
también se enferma de cáncer. Una
medianoche toma su ración de
cianuro. Alfonsina Storni lo
despidió con versos conmovedores:
"Morir como tú, Horacio,/en tus
cabales, Y así como en tus cuentos,
no está mal". Luego Leopoldo
Lugones se envenena.
Storni,
dragón de fuego, le ruega al mar, su
cólera, su fiereza:
Oh
mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui
dando:
"Piedad, piedad para el que más
ofenda".
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh
enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Al
fin, el mar la pidió a ella. Y, en
el lugar donde bajó dispuesta a
todo, un lunes por la noche, hay una
estatua en su honor, que mira el mar.
Enlaces
sobre Alfonsina Storni
Sus
obras:
http://www.geocities.com/SoHo/2849/poesia.htm#Dolor
http://www.fis.cinvestav.mx/~aleher/gav8.html
http://www.dzn.com/~lhindi/El-Clamor.html
http://www.geocities.com/Paris/LeftBank/6229/Alfonsina.html
Traducciones
de sus obras al inglés
http://www.geocities.com/Athens/Parthenon/5371/english/poetry/storni.html