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Francisco Coloane, "Volvamos al Mar"
Por: Omar Pérez Santiago


Francisco Coloane nació con las olas. En el pequeño puerto de Quemchi en la isla de Chiloé, en "la tierra de la punta", en una casa construida sobre pilotes de madera alquitranados, su madre, Humiliana Cárdenas Vera, le dio a luz a las cinco y media de la mañana, el 19 de julio de 1910. En esos días, su padre, Juan Agustín Coloane Muñoz, andaba navegando, pues era capitán de barco de cabotaje, piloto de la escampavías Yelcho.

En la casa habían un puente de tablones para ir del comedor a la cocina. En la alta marea, el oleaje llegaba hasta debajo de los dormitorios. La voz de mi madre y el rumor del mar arrullaron su infancia. De madrugada ella le gritaba: "¡Panchito, arriba, está listo el bote!". Y Coloane se levantaba a regañadientes para tomar desayuno y embarcarse en un bote color plomo, de cuatro bogas, hecho de tablas de ciprés y cuadernas de cachiguas. Su madre se sentaba a popa, encajaba la caña en el timón, y tomaba los chicotes para gobernar.

A los nueve años, entre huesos de ballenas, vio morir a su padre. "Volvamos al mar" fueron las últimas palabras para su hijo. Soñó muchas veces que caminaba por las colinas de Chiloé y de pronto le repetía ¡Volvamos al mar! Por eso, desde siempre llevó el deseo, como algo muy personal, muy íntimo, de volver al mar.

Estudio luego en Ancud y Punta Arenas.Y, no podía ser de otro modo, embarcó en un ballenero.

Coloane es de los mejores narradores chilenos. Con un lenguaje vibrante, vital e imaginativo nos muestra el extremo más austral de la tierra, es decir, la provincia de Magallanes, especialmente Tierra del Fuego. En 1945 aparecen tres obras suyas: "Los conquistadores de la Antartida" (novela juvenil), "Golfo de Penas" (conjunto de cuentos) y "La Tierra del Fuego se apaga" (drama en tres actos, estrenada en Santiago en 1956 y llevada al cine en Argentina. Recibe el Premio Nacional de Literatura en 1964.

Coloane muestra los distintos accidentes de esa geografía inhóspita, las costas de la Tierra del Fuego y sus numerosas islas, y canales misteriosos que van a perderse allá en el fin del mundo, en "La Sepultura del Diablo". Coloane asegura que allí, en el Cabo de Hornos, en un trágico promontorio que apadrina el duelo constante de los dos océanos más grandes del mundo, el diablo está fondeado con un par de toneladas de cadenas, que él arrastra, haciendo crujir sus grilletes en el fondo del mar en las noches tempestuosas y horrendas.

Coloane narra de audaces nutrieros y cazadores de lobos, de distintas razas, hombres corajudos que en un barquichuelo se hacen a la mar con cuatro marineros y regresan con tres. O de un lugar tenebroso que al final de los canales lleva nombre de presidio de Ushuaia. Las sangrientas evasiones de presidiarios regaban por las islas, entre los indios a veces, hombres que conquistaron la libertad a tiro limpio.

Hay a lo largo de sus páginas, un canto poético a la naturaleza, al mar de Chiloé y de la Patagonia, que es también un canto de sus años de infancia y juventud. Un escritor de viajes y aventuras, de las navegaciones y los descubrimientos.

Coloane se ha convertido en un ecologista. Llegó al convencimiento de que ama a los animales, "porque lo principal para mí es la vida, es más importante que cualquier otra cosa. Es lo primero y lo último también"