Qué
duda cabe. Neruda amó el mar, su
susurro y sus olas. He ahí sus
poemas, sus caracolas y sus casas en
Isla Negra y La Sebastiana en
Valparaíso. Hay otras dos casas
marinas capitales en su vida, una en
Capri, Italia, y otra en Atlántida,
Uruguay. Dicen que todo ocurrió en
1952, año del dragón. Los hechos
ocurrieron en Capri. Pienso que no
podrían haber ocurrido en otra
parte.
La
historia previa: En 1945 Neruda fue
elegido senador. En 1948 es expulsado
por el gobierno de Gabriel González
Videla. En 1949 sale al exilio con su
mujer la pintora Delia del Carril. En
México enfermó de flebitis y a su
cama de enfermo llegó una
chillaneja, Matilde Urrutia, a
ayudarlo y preocuparse de la casa. A
espaldas de Delia comenzó una
relación secreta. Viven un amor
furtivo amparado por el contubernio.
Invitó a su amante a París, a
Alemania la hizo invitar como
"cantante" al Festival
Mundial de la Juventud. A la Unión
Soviética la lleva como
"amante" de Nicolás
Guillén. En fin.
Si
creemos en los datos de sus
biógrafos, la semblanza del año del
dragón, 1952, debe empezar así:
El 30
de enero desde el puerto de
Gotemburgo Neruda envía a su mujer,
Delia del Carril, a Chile. Esa
relación ya estaba clínicamente
muerta.
Segundo
hecho: el italiano Erwin Cerio le
ofrece a Neruda su casa en la isla de
Capri. Neruda llega una noche con
Matilde Urrutia. La chimenea está
encendida, la mesa puesta. Mejor
escuchemos a los amantes. Matilde
está excitada: "Nuestra primera
comida en ella, nuestra primera noche
en ella. Sería tonto describirla,
jamás llegaría a encontrar las
palabras para dar la mínima idea de
lo que fue. Solamente diré de
aquella y de aquella noche: ¡qué
fiesta!" Y Neruda: "Toda la
noche he dormido contigo / junto al
mar, en la isla./ Salvaje y dulce
eras entre el placer y el sueño,
/entre el fuego y el agua".
Al
amanecer abren las ventanas,
descubren una menuda terraza, abajo
un bosque, más allá, la playa y
atrás un bosque lleno de musgo. Un
día de luna llena Neruda le entrega
un anillo donde se lee "Capri, 3
de mayo, 1952, Su Capitán".
Allí,
en el bungalow blanco sobre los
acantilados, escribió Neruda
"Los Versos del Capitán".
Matilde los deposita en una caja de
madera con costras de nácar. Viajan
a Nápoles y visitan a Gabriela
Mistral, que era cónsul en ese
momento. El pintor Paolo Ricci le
propuso publicar Los Versos del
Capitán. La cosa se movió
rápidamente. El Partido Comunista
italiano asumió los gastos como un
homenaje al "compañero, al
exiliado y al poeta". En la
última página del libro se menciona
a cada uno de los distinguidos
colaboradores: Luchino Visconti,
Giulio Eunaudi, el escritor Carlo
Levi, el famoso pintor Renato
Gattuso, el poeta Salvatore
Quasimodo, la novelista Elsa Morante
y el escritor Jorge Amado, entre
otros.
La
primera edición salió el 8 de julio
de 1952 de la imprenta Arte
Tipográfico de Nápoles con papel
marfil hecho a mano, la tipografía
Bodoni e ilustraciones de Ricci. En
la portada, la cabeza de una medusa.
Tuvo
una tirada de 44 ejemplares y fue
publicado como anónimo. Se le
consideró clandestino a pesar que
media Italia, media Italia, estaba
involucrada en el libro. Por lo
demás, el libro fue celebrado largo
en Capri con sus numerosos amigos en
"una mesa florida, frutti di
mare, y vino transparente como el
agua".
Además,
seamos claros, los poemas no timaban
a nadie: cocinados en un alucinante
fuego, estaban pasados a sexo y a
mar: "Desnuda te sumerges./
Espero./ Entonces en un salto / de
fuego, sangre, dientes,/ de un
zarpazo derribo / tu pecho, tus
caderas./ Bebo tu sangre, rompo / tus
miembros uno a uno."
En
fin.
Paralelamente,
en Santiago, Delia del Carril
recibía numerosas epístolas de
Capri: "Mi hormiga: aquí tiene
al cigarrón solo, al sol frío de
Capri...".
Así
se terminó ese exilio. Neruda llegó
con Matilde Urrutia a Cannes para
tomar el barco a Montevideo. Antes,
festean con el poeta Paul Eluard y su
mujer Dominique, el afamado Pablo
Picasso, el pintor Nemesio Antúnez y
su mujer Inés Figueroa.
En
Santiago de Chile, el domingo 26 de
julio, el conductor comunista Volodia
Teitelboim llamó a los rojos
reunidos en el teatro Caupolicán, a
ir a esperar a Neruda al aeropuerto
Cerrillos a las 2 de la tarde. Allá
llegaron los disciplinados. Pero
Neruda no apareció. Teitelboim
espera lo peor. ¿Qué le ha pasado
al poeta? ¿Dónde estaba Neruda?
En ese
momento, Neruda no estaba desvelado
por la utopía comunista. Tenía su
propia y concreta utopía,
Atlántida, un cautivante balneario
del Río de la Plata, a 46
kilómetros de Montevideo. Uno de sus
amigos, el uruguayo Alberto
Mántaras, venía en el mismo barco y
era dueño de una linda casa en
Atlántida, lugar con el mágico
nombre de la mística tierra perdida
siglos atrás. Neruda había sido
invitado a quedarse allí.
Llegaron
Montevideo. Pero el Partido Comunista
chileno le había enviado una guardia
de corps, Astolfo Tapia,
Carlos Vicuña, y Sergio Insunza.
Neruda actuó con sigilo para
engañar a la guardia. Matilde se
escondió y continuó hasta Buenos
Aires. Matilde luego hubo de cruzar
el Río de la Plata y entonces
pudieron encontrarse en la hermosa
mansión de tres pisos, estilo
Liberty, a orillas del mar.
Tercera
estación: Atlántida le devolvió
"la miel del amor y su
delicia". "olor y
movimiento/de pinares marinos,/me
devolvéis,/no sólo a la miel/del
amor y su delicia,/sino a las
circunstancias/más puras de la
tierra:/a la seca y huraña/Flora del
Mar, del Aire,/del Silencio.
Con la
connivencia del mar y los bosques de
pinos, los tórtolos revivieron su
llama. Quizás tomados de la mano,
encandilados, vieron ostentosos
atardeceres. A veces salían a vagar
y recopilaban hierbas para hacer un
delicado herbario.
Neruda
nombró al lugar de su frenesí como
Datitla.
"Y
cuando/ de regreso/ brilló tu boca
bajo los pinares/ de Datitla y
arriba/ silbaron, crepitaron/ y
cantaron/ extravagantes/ pájaros/
bajo la luna de Montevideo, entonces/
a tu amor he regresado/ a la alegría
de tus anchos ojos;/ bajé, toqué la
tierra/ amándote y amando/ mi viaje
venturoso/".
La
casa de Atlántida es hoy un museo.
Usted puede visitar las salas e
imaginárselas tal como estaban
cuando las habitaban los enamorados.
Quizás, entre los objetos que allí
se conservan, pueda sentir aún el
perfume del amor.
Mientras
tanto, los comunistas chilenos
esperaron hasta el martes 12 de
agosto del año del dragón, cuando
Neruda llegó finalmente a Chile.
Cuando
los militantes lo vieron bajar del
avión, cantaron, emocionados, la
Canción Nacional.
En
fin.