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"Cuando se defiende el espacio económico de la pesca artesanal, lo
que se está defendiendo, al final de cuentas, es una manera de pensar
el país. Es decir, Chile no pueden ser solamente dos o tres familias
que aparecen en los rankings de revistas internacionales con patrimonios superiores a los 10.000 millones de dólares cada una de ellas", aseguró el senador Camilo Escalona, Presidente del Senado, en el discurso en el Congreso Nacional en Valparaíso, en ceremonia de
conformación de la Comisión Nacional por la Defensa del Patrimonio
Pesquero Artesanal.
Por: Camilo Escalona
Presidente del Senado
El país dejaría de ser el país que conocemos si se
terminara la pesca artesanal. Es decir, este es un problema de todo
Chile. Es un problema que afecta al gobierno, al Congreso Nacional y a
toda nuestra sociedad.
Por eso que este es un momento de debate, pero también es un llamado de atención hacia el Chile que queremos ser mañana.
Chile no puede ser una nación en que hay un sector poderoso que
concentra en sus manos los principales resortes de la economía; y,
luego, otro país, otra nación, constituida por todos los demás, que se
tienen que someter a las reglas de trabajo precario que hoy imponen los
grandes grupos económicos en nuestra sociedad.
En el caso de la región de Los Lagos, nosotros tenemos la dramática
experiencia del sector de la industria del salmón, en que hoy hay
decenas de miles de trabajadores y trabajadoras, a los cuales se les
imponen las condiciones de trabajo más indignas, más inestables y más
inequitativas.
La solución de la crisis ha sido pagada por los trabajadores y trabajadoras.
Donde ayer se pagaban más de 300 mil pesos, hoy se paga menos de la
mitad. Donde ayer había estabilidad, hoy no existe esa estabilidad y
hay un trabajo inestable y precario. Se instalaron los temporeros del
salmón. Prácticamente, ya no hay trabajadores que tengan contrato
indefinido.
En las ciudades hay verdaderos “enganchadores” que -por contrato o
faena, como le llaman- llevan cien o doscientos trabajadores a las
plantas, para que tengan jornadas de cuatro, cinco, seis o siete días
y, luego, tenga una cesantía por diez o quince días. Y así,
sucesivamente, se va repitiendo un ciclo de trabajo inestable en que,
al final, el trabajador, para poder alimentar a su familia, se somete a
las condiciones más injustas, más leoninas, a una verdadera vergüenza
para el país.
De manera que estamos siendo testigos de las consecuencias que produce la concentración económica.
Paradojalmente, en esta sociedad en que se hace la apología del
mercado, el mercado no funciona, no opera, está completamente
intervenido: una gran línea aérea, dos o tres grandes cadenas
farmacéuticas, uno o dos bancos, tres o cuatro grandes cadenas del
llamado retaily, por cierto, ahora con el peligro latente que
grupos económicos controlen el mar de nuestro país, a través de los
grupos industriales que son, por cierto, controlados por estos grandesholdings y
que pueden perfectamente, con el poder que tienen, presionar al
gobierno para imponer una Ley de Pesca que, a la postre, aplasta a la
pesca artesanal.
Es decir, un Chile que se dibuja enteramente fracturado. Arriba, muy
arriba, inalcanzables, grandes controladores económicos de la nación; y
abajo, la fragmentación y la atomización social, que produce la ruptura
del acuerdo social que hace posible la democracia chilena.
Entonces, la supervivencia de la pesca artesanal es mucho más que un
problema de técnica legislativa. Es, al final, si queremos o no
queremos un país en que existan productores económicos que sean micros,
pequeños y medianos empresarios, con capacidad de gestión económica
autónoma de los grandes grupos económicos del país.
Al final, lo que aquí está en discusión es si en Chile va a existir
o no un espacio para la pequeña y mediana empresa, sea en el mar, en la
agricultura, en los servicios o en otros sectores económicos.
Cuando se defiende el espacio económico de la pesca artesanal, lo
que se está defendiendo, al final de cuentas, es una manera de pensar
el país. Es decir, Chile no pueden ser solamente dos o tres familias
que aparecen en los rankings de revistas internacionales con patrimonios superiores a los 10.000 millones de dólares cada una de ellas.
Es decir, lo que está de por medio es si hay o no la capacidad para que haya producción independiente, autónoma.
Por lo tanto, siento que hay un gran dilema de país que la autoridad
económica no ha sido capaz de comprender. Los términos actuales de la
Ley de Pesca no van a hacer sino ahogar a la pesca artesanal. Por lo
tanto, lo que se requiere y se necesita es otra manera de pensar la Ley
de Pesca, otro concepto, otra visión, otra forma de pensar a Chile.
Si ayer, cuando la crisis económica del 82-83 sacudió violenta y
profundamente a la dictadura de entonces y se salvó la banca a costa de
decenas de miles de millones de dólares pagados por chilenos y chilenas
en su conjunto, hoy hay que decir con toda propiedad que Chile necesita
salvar la pesca artesanal.
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