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En una declaración adoptada previa a la realización de una asamblea plenaria especial de la Comisión Ballenera Internacional, los países de Latinoamérica y el Caribe reafirmaron su compromiso con el uso no letal de las ballenas y delfines, integrando también novedosos e importantes elementos para fortalecer su conservación en un mundo post COVID-19.


Por: Elsa Cabrera, directora ejecutiva del Centro de Conservación Cetacea


Al igual que otros acuerdos internacionales, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) ha debido adaptar su labor a causa de la pandemia COVID-19. Su última sesión plenaria se realizó en 2018 en Florianópolis, Brasil, y como estas sesiones ocurren cada dos años, la siguiente fecha coincidió con un momento crítico de la pandemia en 2020 por lo que no se reunirá de manera presencial hasta octubre de 2022.

Con el fin de no detener el trabajo de la Comisión y sus órganos subsidiarios, como los Comités Científico y de Conservación, la semana pasada el pleno de la CBI se reunió de manera virtual durante tres días en una sesión especial entre el 08 y 10 de septiembre.

En preparación a esta reunión, los once países que componen el Grupo Buenos Aires [1] se reunieron a fines de agosto, también de manera virtual, para informarse sobre los avances del trabajo realizado entre sesiones por la CBI y coordinar acciones con miras a la reunión especial virtual de la CBI.

A pesar de su carácter remoto, la reunión del GBA tuvo como país anfitrión a Chile, y como es habitual, contó además con la presencia de un importante número de organizaciones civiles especializadas en el trabajo de la CBI.

Al cierre, los representantes del GBA adoptaron una importante y sólida declaración que refuerza la política de uso no letal de ballenas, delfines y demás especies de cetáceos, y adicionalmente integra nuevos elementos para fortalecer la conservación de estas especies tras la experiencia de la pandemia COVID-19. Entre éstos se destacan:

  • “La decidida oposición al comercio, principalmente internacional de cetáceos y sus derivados (…) así como rechazar iniciativas tendientes a utilizar a los cetáceos para mitigar la crisis alimentaria”.
    Ambas medidas son fundamentales ante crecientes intentos de Japón (y otras naciones balleneras que apoyan su política pro-ballenera a cambio de programas de financiamiento económico), de justificar la caza de ballenas y delfines para aliviar la crisis global alimentaria agravada por el COVID-19, o de recurrir al viejo argumento, carente de cualquier respaldo científico, de que las ballenas vivas consumen muchos peces, afectando las pesquerías.
  • Reconocer la relevancia ambiental, económica y social de los cetáceos vivos, destacando su contribución para enfrentar la crisis de pérdida de biodiversidad y su rol especial para la mitigación de los efectos del cambio climático”.
    La ciencia actual evidencia que las ballenas vivas son clave para el funcionamiento de los ecosistemas marinos, así como para ayudar a mitigar la emergencia climática, gracias a que sus enormes cuerpos almacenan dióxido de carbono (CO2). Al morir, sus restos caen al fondo marino, atrapando este CO2 por siglos, e incluso milenios. Frente a la próxima Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP26, Glasgow, Reino Unido, 31 de octubre al 12 de noviembre), resulta clave que el GBA coordine urgentemente acciones más allá de la CBI con el fin de liderar la consolidación del papel de los cetáceos vivos y la importancia de su conservación en la agenda de la COP26.
  • Reconocer la evolución del mandato de la CBI en sus 75 años de existencia y la urgente necesidad de avanzar en el reconocimiento del uso no letal y no extractivo de los cetáceos como única alternativa viable en el siglo XXI(…) así como la urgente necesidad de equilibrar el tiempo y presupuesto asignado por la Comisión a los temas de interés de la mayoría de los miembros”. En 2013, la Corte Internacional de Justicia afirmó que la CBI es un organismo en evolución después que, en un fallo histórico y sin precedentes, Japón perdiera la demanda presentada por Australia contra la denominada caza “científica” de ballenas en el Océano Austral. Sin embargo, el bloque pro-ballenero en la CBI – que continúa siendo liderado por Japón a pesar de que ya no es miembro de la Comisión – realiza continuos intentos para evitar que la agenda de la CBI avance de acuerdo con las necesidades de conservación de los cetáceos e interés actuales de la mayoría de los países miembro. Esto incluye el cuestionamiento del uso del presupuesto de este organismo internacional en programas y proyectos orientados a la conservación de estas especies. El llamado del GBA en ambos temas debe ser prioritario en el trabajo que sus miembros realizarán hasta la próxima asamblea plenaria en 2022 con el fin superar con éxito cualquier intento que busque retrotraer el trabajo de la CBI a 1946, cuando se fundó la Comisión.
  • Destacar y apoyar las discusiones y trabajo del Comité Científico, respecto a la intrincada relación entre los humanos, animales y ecosistemas que cobran más relevancia en medio de la pandemia COVID-19, y la necesidad de integrar el concepto UNA SALUD y su enfoque multidisciplinario en el trabajo de dicho Comité”.
    Este llamado a la Comisión de parte del GBA es extremadamente importante para alinear su labor con los estándares de otros organismos internacionales que ya han integrado plenamente el concepto Una Salud en su agenda. Sin embargo, su inclusión en la labor de la CBI debería ser transversal e ir más allá del Comité Científico. Adicionalmente, la coordinación con otros organismos multilaterales que ya han integrado plenamente el concepto de Una Salud es primordial para coordinar esfuerzos globales orientados a prevenir nuevas crisis sanitarias.
  • Fortalecer la investigación científica en temas contingentes como la emergencia de enfermedades zoonóticas en cetáceos”.
    El último informe de 2019 del Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos(IPBES) sobre zoonosis y pandemias afirma, entre otros, que más de 800 mil virus aun por descubrir podrían tener la habilidad de infectar humanos, y que los reservorios más importantes de patógenos con potencial de generar pandemias son mamíferos. Frente a esta declaración, el llamado del GBA a la CBI es primordial para dar urgencia a la necesidad de aumentar la investigación científica en cetáceos y el potencial que podrían tener estas especies en enfermedades zoonóticas. El llamado del GBA es aun más relevante considerando que actualmente existe un gran vacío de conocimiento en esta materia y que el Comité Científico de la CBI puede cumplir un papel clave en la identificación de patógenos y prevención de nuevas enfermedades en el futuro.
  • El GBA solicita al Gobierno de México que utilice todos los recursos a su disposición para evitar la extinción de la Vaquita y ofrecen su experiencia y apoyo para sumarse a sus esfuerzos”.
    Este llamado es de crucial importancia en momentos que el gobierno de México ha decidido dejar sin efecto a la Zona de Tolerancia Ceroúnica medida efectiva para intentar evitar la extinción de la vaquita marina – la especie de cetáceo marino más pequeño del mundo que sólo habita en México. Es de esperar que las autoridades de ese país, lideradas por presidente Andrés Manuel López Obrador, reciban la solicitud del llamado del GBA, a la que se suman innumerables llamados más realizados por organismos intergubernamentales, académicos, científicos y de la sociedad civil.
  • “Reconocer el impacto que la pandemia por COVID-19 ha tenido en la situación financiera de los Estados miembros de la CBI, procurando realizar los mayores esfuerzos posibles para superar esa difícil situación, y expresar preocupación por la delicada situación financiera de la CBI, destacando la necesidad de identificar nuevas fuentes de financiamiento y modalidades de recaudación de fondos”.
    Este punto es de particular importancia considerando que a la fecha de la realización de la reunión especial virtual de la CBI la semana pasada, sólo tres de los once países miembro del GBA habían podido pagar sus contribuciones a la CBI, dejando a más dos tercios de sus miembros sin derecho a voto. Al respecto, resulta esencial que las organizaciones de la sociedad civil trabajen conjuntamente con sus autoridades para asegurar que el GBA en pleno cuente con todos sus derechos como miembros de la CBI para defender la evolución de este organismo internacional y la conservación efectiva de los cetáceos en la próxima asamblea plenaria en 2022.

Nota:

[1] El Grupo Buenos Aires (GBA) se creó en 2005 con el objetivo de coordinar una política regional de conservación de cetáceos que pueda ser representada con fuerza al interior de la Comisión Ballenera Internacional y está compuesto por Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay.